Los docentes asturianos se preparan para recuperar a los «objetores escolares»Publicado en La Nueva España el día 11 de febrero de 2010 Los docentes asturianos se preparan para recuperar a los «objetores escolares» Un curso del centro de profesores de Oviedo trata de aplicar nuevos métodos para motivar a ese 5% del alumnado que se le escapa al sistema

Sesión de trabajo, ayer, en el IES de Pando, en Oviedo. LUISMA MURIAS Oviedo, E. G.
Medio centenar de profesores asturianos, casi todos de Secundaria, busca en Oviedo estrategias para recuperar a los «irrecuperables», ese cinco por ciento de los alumnos a los que el sistema educativo no es capaz de motivar y que en ocasiones se convierte en un problema de convivencia en las aulas. En el IES de Pando los docentes trabajan en un curso sobre el llamado aprendizaje cooperativo, del que saldrá una plataforma educativa para poner en activo estas estrategias en Asturias.
Un curso que fue abierto hace semanas por una de las voces reconocidas en su ámbito a nivel nacional, el decano de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Vic, Pere Pujolàs. Uno de los secretos que propone es jugar con la posición de los escolares en el aula.
Una teoría sencilla: en una clase de 24 alumnos, por ejemplo, se formarán seis equipos heterogéneos y estables, formados por alumnos con tres competencias distintas. En primer lugar, los escolares más capaces de dar ayuda (Pujolàs los define gráficamente por un círculo); en segundo lugar, los más necesitados de esa ayuda (un triángulo); y por último, el grupo más amplio, los alumnos que están dentro de la media (definidos por un cuadrado). Un equipo base estaría formado por 1+1+2, es decir, un círculo, un triángulo y dos cuadrados. Cada equipo estable, explica Pujolàs, trabajaría un mínimo de tres meses y, si es posible, durante todo el curso.
Esporádicamente, los grupos cambiarían de forma temporal, «por ejemplo, para practicar una cosa ya aprendida», y ahí trabajarían juntos cuatro alumnos con un nivel de competencia similar. Serían los llamados equipos de composición homogénea. Los grupos heterogéneos serían los ideales para aprender cosas nuevas, y los homogéneos para consolidar lo que se ha aprendido.
El grupo pequeño crea complicidades. Pere Pujolàs puso ejemplos, del puño y letra de los alumnos, que demuestran que crear buenas condiciones emocionales y afectivas ayuda a aprender. Los niños inciden en «animarse» para completar la tarea requerida, en «no dejar al lado al que sabe menos» o en «dialogar y ponerse de acuerdo siempre». Toda la teoría de Pujolàs tiene un trasfondo lúdico: los escolares ponen nombre al equipo y señalan responsabilidades a cada uno de sus miembros. Así, un alumno hace de secretario, otro de coordinador, un tercero de ayudante del coordinador (puestos que nada tienen que ver con la mayor o menor capacidad) y un cuarto alumno se responsabiliza del material escolar.
Objetivo del equipo: que todos los miembros progresen en su aprendizaje; y objetivos personales: Inés se compromete a «ayudar a los compañeros»; Alfonso, «a no enfadarse»; José, a «dejar las cosas», y Sara, «a trabajar mucho». Objetivos conducidos por el profesor, que sabe de qué pie cojea cada uno de sus chicos/as. En la estructura de equipo 1+1+2 hay un alumno que se convierte, sin saberlo, en colaborador tácito del profesor. Las cosas se hablan, se discuten y, al final, cada cual hace examen de conciencia escolar. Una ficha pregunta a cada uno de los alumnos cómo ha ido la sesión. Un pequeño se autoinculpa con una sinceridad que para sí querrían los adultos: «Me he portado muy mal y le he dicho a Sergio una palabrota muy gorda». Así también se aprende.
Los cambios de estructura en las clases tienen, sobre todo, carácter preventivo.
«El alumno prefiere decir ´no quiero hacerlo´ a reconocer ´no sé hacerlo´»
«La experiencia nos dice que estructurando las aulas de forma flexible hay menos escolares autoexcluidos»
 Pere Pujolàs. NACHO OREJAS PERE PUJOLÀS Decano de la Facultad de Pedagogía de Vic, experto en enseñanza inclusiva
Oviedo, Eduardo GARCÍA
-En su teoría echo de menos un cuarto grupo: el compuesto por los que no quieren aprender.
-Son los llamados objetores escolares, pero yo no les doy categoría aparte. La experiencia nos demuestra que estructurando la clase de forma flexible hay menos objetores y más alumnos que se suben al tren del aula. Este tipo de estructuras anima a los alumnos que antes se autoexcluían.
-Animarles ¿cómo?
-La autoexclusión es muchas veces un mecanismo de defensa para disimular un determinado nivel de trabajo. En vez de decir «no sé hacerlo», prefieren decir «no quiero hacerlo». Es una peligrosa espiral viciosa, porque la frustración genera una conducta negativa, un mal comportamiento que, encima, obtiene un «éxito» inmediato. El problema de fondo es la incapacidad para aprender, que conlleva un bajo concepto de sí mismo, lo cual debe de ser una sensación terrible.
-Es decir, la clave está en la motivación.
-Claro, en encontrar la fórmula para que esos escolares adquieran responsabilidades. Hay experiencias muy interesantes en España. Una, en Zaragoza, ha conseguido que chicos desahuciados de unidades de diversificación curricular en 4.º de ESO hayan acabado de ayudantes del profesor enseñando Tecnología a compañeros de 2.º curso. La actitud de estos alumnos cambió radicalmente.
-Lo de trabajar juntos tiene sus riesgos...
-La simple consigna no sirve, porque el peligro está en que uno haga el trabajo y los otros lo copien. Trabajar juntos no es sólo estar juntos. Hay que asegurarse la participación equitativa de todos los alumnos. Y algo muy importante, la cohesión de los grupos, unos lazos afectivos más fuertes, que es una asignatura pendiente de nuestras aulas. Unos vínculos afectivos más estrechos predisponen a trabajar en equipo. Se trata de convertir la clase no en una suma de efectivos, sino en una comunidad de aprendizaje, porque al final, cada cual con sus capacidades, el objetivo es único: conseguir aprender.
-Trabajamos mal en equipo.
-Porque no nos enseñan. La sociedad lo pide, pero es un contrasentido que la escuela no lo trabaje de manera explícita. El problema no siempre está en el alumno, sino en la forma de enseñar de la escuela. Y eso sí se puede cambiar.
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